



La Práctica
La práctica
del Aikido debe seguir un método acertado para que con un
buen desarrollo consigamos resultados. Ahora bien, el método
no se puede comprender sin un maestro que lo ponga en práctica
y demuestre su efectividad. Además de la complejidad del
Aikido, surgen para nosotros problemas añadidos como el
idioma, ya que su lugar de origen es Japón.
Encontrar un buen maestro no es fácil, puesto que no se
prodigan tantos como se necesitan; podemos acudir a un país
vecino o ir a las fuentes, Tokio; pero habrá que tener en
cuenta que adquirir ciertos conocimientos nos llevará algunos
años.
Lo ideal sería encontrar al Maestro con un método inteligente,
interés por los demás y vocación para enseñar el cual nos
transmita sus conocimientos en un espacio de tiempo razonable,
pudiendo así sentir que progresamos y vivir la agradable
experiencia de la práctica del Aikido.
Nuestra Escuela se basa en el Método Nacional de Aikido
transmitido por el Maestro Nobuyoshi Tamura en Europa el
cual aporta al alumno la certeza de estar correctamente
guiado en la práctica cotidiana por un sistema que este
hombre a desarrollado sabiendo orientar su trabajo en la
perpectiva de la espiritualidad del Aikido.
Respiración. relajación y concentración
La práctica del Mokuso o Mukso es ideal
para el trabajo del mundo interior, la concentración, la
relajación y la atención de las partes anatómicas y sus
funciones. Nos permite un mejor conocimiento de nosotros
mismos y sentir un mayor bienestar físico y psíquico.
Los músculos de la cara estarán relajados; los labios distendidos
y entre abiertos. Los ojos deben mantenerse entornados,
de manera que la mirada se sitúe en la frontera entre el
mundo interior y el exterior para percibir lo que ocurre
en nuestro entorno sin que nos perturbe.
Los Desplazamientos
Al comenzar nuestro camino en la práctica
del Aikido aprendemos entre otras cosas a desplazarnos de
una manera relajada, fluida, unificando todo el movimiento
del cuerpo a través de nuestro centro firme.
Los Tai sabaki son desplazamientos del cuerpo y esquivas
que nos ponen en una situación de ventaja con respecto al
adversario.
Al igual que cuando somos niños debemos aprender a caminar,
en Aikido es fundamental desplazarse correctamente y con
precisión.
Los desplazamientos y esquivas nos ayudan a evitar toda
confrontación directa con el adversario.
En la práctica el que logra obtener el dominio del movimiento
y de las formas sabe permanecer en cualquier circunstancia
en el centro de su esfera, que puede volver dinámica.
Las Caídas
Las distintas técnicas de Ukemis (caídas)
nos permiten amortiguar el choque del cuerpo contra el Tatami,
evitando la sensación dolorosa, las lesiones y pudiendo
recuperar con prontitud la posición más ventajosa de autocontrol
y equilibrio. Hay que tener presente que en el Aikido un
gran número de técnicas son proyecciones y sería imposible
estudiarlas sin el conocimiento correcto y la práctica de
los Ukemis.
La práctica de rodar hacia delante (mae-ukemi) y hacia atrás
( ushiro-ukemi ) debe repetirse con regularidad. Lo acertado
es hacerlo sin gestos bruscos ni tensión excesiva en la
musculatura. La cabeza se mantiene con la mirada al frente,
utilizando correctamente ambas manos como pequeños apoyos
sucesivos.
El ejercicio bien realizado nos permite incorporarnos sin
apoyos adicionales, utilizando el impuso inicial para recuperar
con nuestro centro la posición oblicua, perfectamente equilibrados
y operativos.
Los Ataques
Los ataques en Aikido deben realizarse
con rigor y buscando la mayor efectividad. Esto quiere decir
que, dependiendo del objetivo, hay que buscar la dirección
más ventajosa para entrar rápido en acción y conseguir el
control, ya sea por medio del agarre de sus muñecas, del
Keikogi, ó a través de un golpe con la mano o el pie.
El carácter y la intencionalidad deben ser de la manera
que los empleados en la ejecución de las técnicas: ni muy
fuerte ni flojo, ni exageradamente violento ni pasivo; ha
de ser sólido y al mismo tiempo fluido, ajustado a las circunstancias
y al sentido del trabajo.
La Defensa
El Aikido
es un sofisticado sistema que pretende ser útil en cualquier
momento. Sirve como defensa contra uno o varios atacantes,
con o sin armas, y en su más altos niveles es una disciplina
eficaz para el control y desarrollo de las fuerzas físicas
y espirituales del hombre.
La finalidad
marcial del Aikido es disuadir al adversario y neutralizar
su intención agresiva. La base de las técnicas de Aikido
es salir de la línea de ataque y utilizar la fuerza del
oponente para devolverla contra él mismo sin violencia.
Esta fuerza es guiada hacia un vacío configurado por movimientos
circulares que cuando llega a un punto máximo de eficacia,
debido al desequilibrio, se efectúan proyecciones e inmovilizaciones.
No se trata de una técnica de combate, sino sobre todo de
un dominio de las intenciones agresivas y de sus respectivas
manifestaciones.
Es, además,
un arte depurado que goza de una impecable estética, sencillez,
dinamismo y elegancia.
Es mucho
lo que podemos decir del aspecto defensivo del Aikido ,
pero es mejor aún que descubras por ti mismo todo lo que
este maravilloso Arte Marcial puede ofrecerte a través de
su práctica.
La Evaluación y los Grados
La evaluación
en Aikido existe dentro del marco del sistema de grados
Kyu-dan y cada uno ha de encontrar su lugar con respecto
al sistema de títulos de enseñanza. Estos se realizan de
forma regresiva de un 6to kyu a un 1er kyu y luego los grados
danes (cinturones negros) de un 1er dan hasta un 8vo dan
Los grados se atribuyen en función de los siguientes puntos
en conjunto: La técnica, personalidad y realización y lo
que el practicante por contrapartida aporta al arte.
La razón
de ser de los exámenes de Aikido es poder medir los progresos
técnicos y el nivel mental adquirido en un arte en el que
no existe la competición. Lo importante es poder manifestar
por completo los resultados de la práctica diaria en el
sentido de la unidad del ki, el cuerpo y la técnica. Desde
el primer examen de kyu el maestro debe animar a sus alumnos
a realizar una ejecución de las técnicas de forma precisa,
sin miedos, sin vacilaciones buscando que cada gesto se
realice con la participación total del cuerpo y el espíritu.
Para el practicante, el enfrentarse con un examen de grado
es enfrentarse consigo mismo, es muchas veces momento de
nerviosismo ante la mirada de su examinador y de sus compañeros
de práctica. Es también la oportunidad de vencer la situación,
de fortalecer la personalidad y la autoconfianza. Es para
muchos, la hora de la verdad, y por eso un momento importante
que no debe pasarse por alto.
El examinador
o los examinadores deben ser personas capaces de dar un
juicio íntegro, realista y profesional sin dejar que la
amistad y las relaciones personales estén involucradas en
la toma de decisiones para la evaluación. En ningún caso
debe entregarse grados sin la presentación respectiva de
las técnicas requeridas ni aceptar regalías sin haber cumplido
los requisitos básicos ya que en última instancia será el
alumno quien juzgará su condición real. Es necesario que
el practicante sienta de corazón el grado que lleva consigo,
sin remordimiento ni excesivo orgullo que sin duda traerán
complicaciones futuras. La negación de grados debe ser interpretado
por el alumno como la petición de realizar un trabajo más
profundo para el que esté capacitado, debiendo aprovechar
la ocasión para mejorar los defectos y superarse sin resentimientos,
para evitar estas situaciones, el maestro debe procurar
hacer presentar exámenes solo a aquellas personas que estén
en verdaderas condiciones para hacerlo y no-solo por la
cantidad de horas de práctica ya que en definitiva el sentimiento
de frustración e insatisfacción de un mal examen será un
peso para el alumno difícil de sobrellevar.
Hoy en día
en algunos países, los grados se atribuyen en el ámbito
nacional. Es común que cada escuela, federación u organización
distribuyan sus propios grados. Es importante que los grados
Danes sean otorgados por una organización reconocida y dirigida
por un Shihan en particular.